Okondo, uno de los municipios más pequeños del valle de Ayala, convocó el sábado 11 de julio de 2015 la séptima edición de la Txakolin Jaia, fiesta de promoción del txakoli alavés que cada mediados de verano concentra en el pueblo a bodegas, vecinos y visitantes. La Denominación de Origen Arabako Txakolina difundió con antelación el programa, invitando a reservar la fecha desde las 12:00 horas, hora del acto inaugural.

La propuesta combinaba enogastronomía sencilla y accesible: degustación de bonito del norte y costilla de cerdo con sello Kalitatea a la parrilla, maridajes pensados para el calor estival y un sistema de copa que permitía probar todos los txakolis deseados de siete bodegas de la DO presentes en la jornada.

Según el comunicado archivado de txakolidealava.com, las bodegas confirmadas eran Xarmant, Eukeni, Mahatxuri, Garate, Astobiza, Beldui y Arzabro —un reparto que mostraba la diversidad geográfica de la Denominación dentro del propio valle y municipios limítrofes. Tras adquirir la copa, el visitante podía recorrer puntos de servicio comparando estilos: vinos más herbáceos, otros con mayor recuerdo frutal o estructuras ligeramente más cremosas según elaboración.

La Txakolin Jaia nació en 2009 como impulso local vinculado, entre otros referentes, a la bodega Astobiza, y fue ganando continuidad hasta convertirse en cita fija del calendario festivo ayalés. A diferencia del gran formato del Txakolin Eguna de Amurrio, Okondo apuesta por una escala contenida, próxima al viñedo y a la plaza de San Bartolomé —escenario tradicional de la fiesta—.

Además del vino y la parrilla, la organización anunciaba puestos de venta de productos locales como queso Idiazabal y pan artesano, reforzando el mensaje de consumo de proximidad. Es el mismo relato que años después seguirían recogiendo medios alaveses al describir ediciones posteriores: un evento «sencillo» pero auténtico alrededor del caldo.

Para las bodegas participantes, la Txakolin Jaia es una oportunidad de contacto directo con un público dispuesto a escuchar explicaciones sobre vendimia, variedades —hondarrabi zuri entre las principales— y crianza en acero. En un mercado competitivo con otros txakolis vascos, cada copa servida en Okondo es argumento de venta.

El bonito a la parrilla y la costilla Kalitatea no eran complementos anecdóticos: anclaban el txakoli en la gastronomía popular veraniega, similar a como otras fiestas del valle combinan garrafa, pintxos Euskolabel o producto de caserío. Kalitatea, sello de calidad alimentaria vasca, garantizaba trazabilidad del cerdo servido.

Quienes visitaban Okondo por primera vez encontraban un paisaje de viñedos en terraza, bordes atlánticos y arquitectura rural. La fiesta permitía enlazar enoturismo y patrimonio, especialmente interesante para turistas de Vitoria-Gasteiz o Bilbao en busca de jornadas de un día.

Crónicas fotográficas de ediciones anteriores —como las publicadas en blogs locales— muestran el ambiente de plaza, las lonas de bodega y la mezcla de familias y conocedores. La séptima edición se insertaba en esa línea, con la expectativa de buen tiempo y alta participación.

Desde la perspectiva de la DO, anunciar con dos semanas de margen el 11 de julio facilitaba la coordinación logística de bodegas y la difusión en noticias y archivos mensuales —como el de julio de 2015 en esta web—. Completar hoy la noticia con contexto histórico ayuda a quien consulte el archivo sin haber asistido al evento.

La Txakolin Jaia de Okondo sigue vigente en el calendario alavés, con ediciones recientes que incorporan nuevos espacios —como el parque Garaikoetxea— y padrinos gastronómicos de referencia. La edición de 2015, no obstante, marca un punto intermedio en la madurez de la fiesta: ya no era experimental, pero conservaba el espíritu originario de acercar el txakoli alavés a quien lo descubre en el valle.

En resumen: copa en mano, parrilla humeante, siete bodegas y producto local en un rincón de Ayala. La séptima Txakolin Jaia resumía en una tarde de julio la propuesta de Arabako Txakolina: vino fresco, territorio identificable y hospitalidad de pueblo.

Astobiza, bodega con viñedo en Okondo y reconocimiento en concursos nacionales, ha sido motor de la fiesta desde sus orígenes. Garate, desde Laudio, y Mahatxuri o Xarmant representan la diversidad de suelos y orientaciones que explican por qué no existe un solo «estilo Amurrio», sino una gama de txakolis alaveses.

El sistema de copa única con recambios ilimitados de vino —siempre dentro de un consumo responsable— educaba al paladar: comparar Beldui con Eukeni en la misma tarde revelaba matices que en barra convencional costaba encontrar. Es la misma lógica pedagógica del Txakolin Eguna, en formato de pueblo.

Okondo, con menos de doscientos habitantes censados, demostraba que la promoción del txakoli no depende solo de grandes ciudades. Las fiestas microterritoriales sostienen el orgullo local y atraen prensa especializada que amplifica el mensaje de la DO.

Para planificar la asistencia, conviene llegar a la inauguración de mediodía, recorrer puestos de queso y pan antes de las horas punta de parrilla y reservar tiempo para charlar con bodegas —muchas veces presentes el propio enólogo o la familia propietaria. Es, en definitiva, una jornada pensada para el disfrute pausado más que para el consumo rápido.

El valle de Ayala, con Okondo en su extremo occidental, concentra buena parte de la superficie de viñedo de la DO. Asistir a la Txakolin Jaia permite enlazar la copa con el paisaje que la originó, experiencia que guías y bodegas siguen recomendando en rutas enoturísticas actuales.

Fuentes consultadas