ADECA, la Asociación de Cocineros de Álava, entregó la noche del 30 de noviembre de 2015 sus galardones bianuales en un acto que reunió a más de cincuenta profesionales de la gastronomía y del sector agroalimentario. La gala, descrita como especialmente emotiva, tuvo como escenario gastronómico al restaurante Zapirón del Hotel Gobeo Park de Vitoria-Gasteiz, donde el equipo de cocina comandado por Enrique Briones preparó una cena que, según los asistentes, estuvo a la altura del reconocimiento que se iba a celebrar.

Entre los galardonados figuraba José Antonio Merino, gerente de la Denominación de Origen Arabako Txakolina, distinguido por el impulso dado al desarrollo comercial y de conocimiento del txakoli alavés en los años previos. Compartió la noche con otros premiados de mérito diverso: la familia Luzuriaga, ligada al histórico restaurante Felipe de Vitoria-Gasteiz; Joselu López e Idoia Marañón, de la cerveza Baias; Santiago Osa, de Fresaraba; y el premio Vicente Telletxea, que recayó en el profesor de pastelería José Luis Urtaran.

El galardón a Merino no era un reconocimiento aislado, sino la consecuencia visible de una etapa en la que la DO Arabako Txakolina reforzó su presencia en ferias, catas formativas, medios especializados y mesas profesionales. Merino había sido durante años la voz habitual de la Denominación en presentaciones de añada, en encuentros con hostelería y en iniciativas que acercaban el txakoli al consumidor fuera del valle de Ayala.

La labor de «conocimiento» a la que aludía ADECA incluía explicar qué distingue al txakoli alavés dentro del mapa vitivinícola vasco: un vino blanco joven, ligero, con acidez marcada y aromas frutales, elaborado principalmente con hondarrabi zuri y otras variedades autorizadas en un territorio de viñedos en terraza y clima atlántico continentalizado. En Laboratorios del Gusto y jornadas de Slow Food Araba, Merino ya había participado como ponente junto a productores y cocineros, subrayando el carácter local del caldo y su capacidad de maridaje.

En el plano comercial, la gestión coincidió con años de crecimiento de superficie y de botellas embotelladas. Prensa especializada recogía en 2015 las previsiones de Merino sobre una vendimia generosa —con estimaciones en torno a 550.000 kilos de uva— y sobre la necesidad de abrir mercados más allá de Álava. En entrevistas posteriores, el propio gerente describía la DO como «joven» en el mercado pero con siglos de tradición documentada en Ayala, y advertía de la competencia con las otras denominaciones de txakoli vascas en capitales como Vitoria-Gasteiz.

Esa estrategia combinaba ferias propias —como el Txakolin Eguna de Amurrio— con presencia en citas enogastronómicas de la capital alavesa, acuerdos de exportación y trabajo de proximidad con bares y restaurantes. El reconocimiento de ADECA ponía en valor sobre todo el puente entre cocina y bodega: sin hosteleros que apuesten por el txakoli en carta y copa, la Denominación no puede completar su ciclo comercial.

Los cocineros de ADECA son interlocutores exigentes: conocen matices de acidez, temperatura de servicio y maridaje con pescado, verdura y cocina de producto. Que la asociación distinga al gerente de la DO se interpretó en su momento como un aplauso a la constancia en catas, formaciones y apoyo a la creación de propuestas gastronómicas con txakoli alavés.

La cena en Zapirón simbolizaba ese espíritu: producto local, técnica profesional y convivencia entre generaciones del sector. Para la DO, el galardón era también un impulso moral en un año —2015— que cerraría con récord de cosecha y con la preparación de grandes citas como Ardoaraba.

José Antonio Merino Belaustegi, natural de la comarca y conocedor de la estructura de bodegas familiares, representaba un perfil de gestión cercano al productor. No se limitaba a la administración del Consejo Regulador: participaba en actos públicos, comparecía ante medios y defendía la diferenciación territorial frente a caldos homónimos de otras regiones.

El premio de ADECA dejó constancia escrita de que el txakoli alavés ya formaba parte del relato gastronómico de Álava con la misma solidez que otros productos emblemáticos. Para la web de la Denominación, registrar ese hito permite completar el archivo histórico de una etapa de expansión que el consumidor actual puede reconocer en muchas de las botellas que hoy llevan el sello Arabako Txakolina.

La Asociación de Cocineros de Álava nació para defender oficio, formación y producto local en la restauración. Sus galardones bianuales alternan figuras históricas de la cocina vitoriana con agentes menos visibles pero imprescindibles —gerentes de DO, productores, maestros pastelero— que hacen posible que el cliente final encuentre en el plato y en la copa lo mejor del territorio.

En retrospectiva, distinción y cosecha récord de 2015 formaron un mismo relato: Álava producía más txakoli, lo hacía bien y contaba con aliados en la cocina profesional dispuestos a contarlo. Merino recogió el premio en nombre de bodegueros y viticultores cuyo trabajo diario sostiene la Denominación más allá de los titulares de prensa.

El restaurante Zapirón, escenario de la gala, representaba la cocina de producto que mejor encaja con el txakoli: elaboración cuidada, proveedores locales y sala acostumbrada a maridar con vinos de pequeña producción. Enhorabuena a los galardonados de aquella noche fue, en el fondo, enhorabuena a un ecosistema completo.

La fecha del 30 de noviembre de 2015 cerraba el mes en el que la ciudad preparaba ya Ardoaraba; el galardón funcionaba como antesala mediática de un diciembre en el que el txakoli tendría cuatro carpas y decenas de bares en las calles.

Fuentes consultadas